Relato erótico: OBSCENIDADES (III Concurso Dolce Love)

locuraNo podía dejar de golpearla contra el suelo y sentir como mi cuerpo desnudo se retorcía con la lluvia cayendo sobre él… El dolor era casi insoportable, pero necesario para recordarme la razón de estar allí…
Llevábamos tres días alucinando en un mundo construido por todos los vicios que ya no puedo recordar bien…
Sólo sé que esa fue la última vez que nos vimos, nos mezclamos y maltratamos nuestros cuerpos con la curiosidad de un niño…
Ella tenía más abismos mentales que cualquier suicida andante… Y yo me suelo mezclar bien entre la muchedumbre y quedándome con los retratos oscuros que llaman mi atención…
La casualidad hizo que nos folláramos al instante de conocernos para probarnos y ver si funcionaría lo que teníamos planeado tras varios intentos en esta vida y quizá otras…
Nos rompimos la ropa y esa parte de nosotros mismos que permanece indeleble a los cambios…
Lo que recuerdo de ella no son sus bragas ahogándome la garganta, o sus manos por todos mis agujeros hambrientos… No pienso en su voz orinándose con cada palabra ni su coño abrasando mi ombligo…
No tengo claro si nos mojábamos a la par o si hubo equis corridas…
No recuerdo su cinturón golpeando mi espalda y la sangre brotando entre los dedos que me iba metiendo…
No sé si me mordía ella o cualquiera de las personas que pasaron por allí durante el encierro…
Quizá estuve inconsciente o quizá me morí unas horas…
No recuerdo si abría los ojos o me obligaban a hacerlo… No sé si los objetos que se usaron estaban en mi imaginación o en ese delirio…
No recuerdo nada más desagradable que haber olvidado algunos detalles que pasaron porque están grabados en lo que queda de piel…
Pero supongo que lo importante es lo que puedo relatar de aquello que ocurrió cuando vi que la realidad me atrapaba de nuevo…
Recuerdo el olor a hierba que impregnaba el cuarto, el colchón prendido por la esquina cerca del cenicero, los pinchazos en los pies cuando conseguí ponerme en pie esquivando el espejo roto, la blancura de las sábanas por la parte de abajo, una mano inerte agarrando algo punzante que se caía por momentos… Su pelo abundante enredado entre las cuerdas que sostenían su cuerpo al respaldo de la cama, su vulva abierta esperando ser llenada, su piel manchada de sangre aún fresca, su pecho relamido por mi saliva en la distancia, su boca entreabierta y la mandíbula torcida y morada, sus ojos vacíos mirando a quien ya no estaba allí… El rastro en el suelo que dibujaba el camino hacia el jardín, la ropa esparcida de una forma relativamente ordenada, la sombra de mi cuerpo reflejada y deshumanizada…
Me toqué y estaba mojada, excitada y con ganas de follarme aquel mundo que ya no estaba…
Y entonces oí ese ruido del principio, un cuerpo golpeando el suelo con una violencia impropia de mí… Y recordé que había estado jugando cerca de la muerte, recordé su voz pidiendo cada vez más dolor físico, recordé mi rabia por no poder saciarla del todo, recordé que no respiraba, recordé mi pulso cada vez más acelerado, recordé la falta de aliento, recordé que mordía su boca y sus pezones sabiendo que ya no había nada que hacer… Recordé que abracé su cuerpo escupiendo trozos de vida…
Recordé que nunca antes me había amado tanto y me corrí varias veces encima de su cara de ojos huecos… Aún temblorosa, regresé a mi puta vida como si todo hubiese pasado…
Mary Ona

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