Relato erótico: Al cansarme me siento (III Concurso Dolce Love)

hambreDesde hace algún tiempo, todo me da miedo, el cielo cuando comienza a oscurecer, aquellas puertas que se cierran tras de mi y la calle con el bullicio de la gente circulando sin sentido, ancianos ayudados por jóvenes necesitados de dinero para poder sobrevivir, amas de casa cargadas con bolsas, emigrantes perdidos. Estudiantes con rostros lánguidos buscando un cliente y aquella joven de rostro moreno que en una esquina mira a los hombres para poder sacar de ellos unas monedas y de esa manera poder soñar con un futuro mejor, aunque tenga que aguantar las ganas de vomitar en cualquier oscuro rincón del parque, que ajeno a sentimientos y dudas, deja que se balanceen las hojas de sus árboles, para asi, acariciar a los pájaros, testigos mudos de lo cotidiano.
Me siento viejo, me doy cuenta de ello cuando a veces se me olvida escribir mi nombre y veo que las palabras no significan nada, si acaso un momento de consuelo o como ahora, una esperanza para la chica de rostro moreno que se acerca a mi.
-¿Quiere que le ayude?
-¿A qué?…-le respondo malhumorado aunque al mirarle con detenimiento, me fije en sus ojos entre verdes y azules, difíciles de olvidar aunque no recuerde ahora nada.
-A lo que quiera.
-Yo no quiero nada.
Será por pura paranoia, o por la vejez, o quizás sea porque tal vez no encuentro mi lugar en esta sociedad que avanza rápida y con frialdad, por lo que me muestro enfadado.
-¿Y tu que quieres?
-Yo…dinero…-responde sin dudar.
Guardo silencio, solo cuento días, y son aquellos en los que podía pagar a alguien por sus servicios, y me doy cuenta que quedan lejos, confundidos con bromas, con alcohol y palabras dichas al azar solo por cumplir.
-Pues trabaja.
-No encuentro nada.
-Ya…y por eso te ofreces.
-Claro.
Si sale el sol me caliento, si llueve me resguardo y si al caminar me canso, me siento, pero no estoy preparado para aceptar y menos aún para renunciar a una mujer que se ofrece por algo que a mi me sobra.
-¿Qué puedes hacerme?
-Feliz.
-Eso es muy difícil….-mientras sonrío pensando en aquellos viajes realizados en mi madurez, en aquellos negocios lejos de casa que terminaban en orgias, orgulloso de mi poderío, como lo estaba mi esposa y mis hijos del padre trabajador, responsable que satisfacía sus deseos con jóvenes como la que me mira implorando.
-Por favor……
El tiempo es un enemigo que no tiene aliados, y menos aún cuando no se ha sabido aprovechar la vida regalada, la buena vida y el orgullo de sentirme macho.
-¿Cómo te llamas?
-María.
-Vaya..¿De donde eres?… ¿Que edad tienes?
Mi mundo ha dejado de existir, su procedencia, el nombre y el color de sus ojos, como el de aquella chica que conocí cuando viajaba, en un burdel y a la que no volví a ver, la que se marchó del mismo para dar a luz una niña, a esa hija que nunca acepté, a la que se está ofreciendo a mi sin fijarse en mis lágrimas, las de un hombre que no presta importancia cuando le hablan de sus bondades, de lo que ha sido…..

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