Relato erótico: Habitación 129 (III Concurso Dolce Love)

127Un trío, fantasía que todo hombre tiene y que ansía hacerla realidad y como no, su marido no iba a ser menos.
Pero, ¿estaría ella dispuesta a ceder a dicha fantasía por su marido?
-¿Un trío? – preguntó Angélica
-Si, ya sabes…podíamos probar, te lo he dejado caer alguna vez.- dijo distraídamente Diego.
-Si si, pero pensaba que me lo decías cómo algo así de pasada no se..no creía que me lo propusieras en serio.-
-Bueno, no se…es que imaginarte con otra mujer me pone mucho, ya lo sabes- dijo mirándola con ojos deseosos.
-Ah…¿pero que el trío seria con una mujer?- rió Angélica
– Jaja si, podíamos empezar probando con una mujer ¿ no?-
– Claro claro – dijo Angélica sonriendo.


Un trío, dos mujeres y un hombre,¿seria capaz de hacerlo?¿ Verle con otra mujer en la cama? .Ver como se tocaban, como se besaban y como la penetraba delante de ella. No estaba segura, pero tenía que reconocer que tampoco estaba negada al 100%.
Así es que cedió a la fantasía de Diego con unas reglas:
– La mujer la escogería ella.
– Tendría que ser desconocida para ambos, seguramente no quería verla en futuras ocasiones en el súper o de visita en casa.
– Se haría en un hotel, nada de hacerlo en casa.
– Si durante el trío, alguno se encontraba incomodo o no quisiera seguir, se lo diría al otro y se daba por finalizado el encuentro.
Diego accedió a las reglas puestas por Angélica, estaba de acuerdo con ella en todo lo pactado.
Llegó la noche, habían estado mirando anuncios, webs dedicadas a esto y parece que habían dado con un chica simpática, llamada Julia, con algo de experiencia en ser la tercera en este tipo de encuentros con matrimonios. Acordada las reglas, se daría el encuentro en el Hotel Ambassador, habitación 129. Un hotel discreto, económico y con aspecto limpio.
Llegaron pronto, querían conocer el terreno antes de que llegara Julia.
Diego y Angélica lo tenían todo preparado, unas copas de vino, un piscolabis y ella, un conjunto burdeos de encaje que había comprado para la ocasión. Hablando de todo y nada esperaban que sonase la puerta para hacer pasar a Julia.
Toc toc..
– Es ella- dijeron a la par mirándose.
Suspiraron y con la mirada se dijeron mutuamente “adelante” con aquello.
Diego abrió la puerta, Angélica esperaba detrás de manera que al abrir, ella fuese la primera imagen que viese Julia. Una tontería, pero quería que fuese así.
Allí estaba, joven pero con madurez, bella, más bella de lo que mostraba las fotos e imágenes que habían compartido. Iba con un vestido blanco ceñido pero sin llamar mucho la atención. Dibujaba sus curvas perfectamente definidas en pecho y caderas. Un cuerpo perfecto.
Angélica dudó, ¿y si Diego prefería a Julia y se olvidaba de ella? Era más joven y guapa…
– Hola, soy Julia- dijo con voz alegre.
– Pasa pasa,- invitó Diego- bueno ella es Angélica y yo soy Diego, encantados. Debo reconocer que estoy un poco nervioso la verdad..
– Y yo- dijo Angélica.
-Tranquilos, es normal, no os preocupéis, vamos a dejar que todo surja, sin forzar nada que es la mejor manera de disfrutar de esto.
-Vale vale,¿quieres tomar algo?- dijo Diego mientras la acompañaba al centro de la habitación donde tenían el vino.
Y poco a poco comenzaron a hablar, a conocerse, las miradas empezaron a volverse pícaras, culpa o no del alcohol, de la comodidad del ambiente que Julia estaba consiguiendo crear.
Angélica notó una mano en su pierna, miró a Julia, parecía distraída mientras escuchaba a Diego.
¿Seguro?. Daba igual, no le incomodaba, miró a Diego, éste la sonreía de manera cariñosa, le calmó.
Risas, roces accidentales o no, el caso es que habían conectado muy bien y la cosa iba fluyendo. En una de las carcajadas Angélica noto como Julia se acercaba a su cuello, notaba su respiración y se hizo el silencio. Diego dejo su copa en la mesa y comenzó a acariciarla la pierna, subiendo la falda delicadamente y con dulzura. Angélica noto como sus pechos se endurecían, quería dejarse llevar, cerrar los ojos y disfrutad y sentir cada segundo de aquel encuentro.
Su respiración se agitó, Julia le besaba delicadamente el cuello y empezó a acariciarle el pecho por encima de la ropa. Diego ya había llegado a su pubis, de manera que separó las piernas para dejarle hacer con más comodidad. Sus dedos empezaron a jugar con su vello, y notaba como se mojaba cada vez más, con los ojos cerrados, estaba disfrutando de todas las sensaciones.
Julia se levantó y cogió de la mano a Angélica y a Diego, les llevaba hacia la cama de aquel hotel. Una cama amplia, King size solicitada adrede para la ocasión. Sentó a Angélica en el borde y Diego se quedó detrás.
-¿Puedes desabrocharme el vestido Diego?- pidió Julia sin dejar de mirar a Angélica.
Diego bajó la cremallera del vestido y soltó los tirantes de los hombros, el vestido resbaló por el cuerpo escultural de Julia dejando tan solo el tanga y el sujetador a juego.
Angélica miraba la escena, pensó que sentiría celos, pero para nada, estaba cada vez más excitada.
Diego empezó a acariciar los hombros de Julia por detrás, se acercó a ella, le sujetó la barbilla hacia atrás y empezó a besarle el cuello, Julia pidió las manos de Angélica, ésta se las tendió y las dirigió al vientre. Angélica empezó a acariciar aquel vientre suave, plano, olía bien, decidió probarlo.
Julia le desabrochó el vestido mientras. Poco a poco se fueron tumbando en la cama, inmersos en caricias, besos, miradas cómplices y deseosas de más.
Diego besaba a Angélica y mientras ésta le empezaba a acariciar el pene, duro como una roca, erecto y listo. Julia mientras acariciaba y lamía los pezones de Angélica. Con un leve pero dominante gesto, hizo que Angélica se pusiera encima de Diego de manera que la penetrase sin compasión, profundamente. Julia se tumbó al lado y empezó a besar a Diego mientras acariciaba a la vez a Angélica.
Estaban compenetrados, los 3 eran uno. Gemidos, sudores y placer era lo que desprendía aquella cama.
Angélica subía y bajaba, notando como el pene de Diego estaba dentro, cada vez más cachondos, miró a Julia que la miraba con ojos deseosos y la invitó a subir y ser penetrada, pero ésta cogió el pene de Diego y se lo introdujo en la boca profundamente, una y otra vez, ayudada por la mano que iba al compás de cada lamida. Angélica se colocó encima de Diego, de manera que pudiese chuparle el clítoris y darle aún más placer.
Así estuvieron un rato. Julia dejó el pene de Diego y empezó a besar a Angélica apasionadamente, ambas se tocaban, parecía que faltaban manos para alcanzar todos los rincones de sus cuerpos, sus dedos se penetraban, la una a la otra. Gemidos, gritos de placer y Diego no dejaba de observar y tocarse. Aquello era la fantasía hecha realidad.
No aguantaba más, necesitaba penetrarlas, aquella situación era tremendamente excitante, así es que cogió a Angélica por detrás y la penetró fuertemente, gimiendo sin disimulo.
Julia se tumbó con las piernas abiertas delante de Angélica y le dirigió la cabeza a su clítoris, pronto notó la lengua húmeda de ésta en su vulva, ardiendo, palpitante. Empezó a acariciarse los pechos, mirando como Diego penetraba a Angélica y como ésta le lamía su clítoris, el orgasmo hizo su aparición, espasmos de placer recorrieron su cuerpo.
Diego estaba cada vez más excitado y las sacudidas que le daba a Angélica eran cada vez mas intensas, Julia empezó a acariciarse su clítoris, mojado por la excitación, bastó pocos minutos para alcanzar el climax más intenso jamás vivido. El corazón se le salía del pecho.
Diego aguantaba, entrando y saliendo, sintiendo los espasmos de Angélica, Julia se acercó de nuevo y empezó a besarle intensamente, las lenguas se entrelazaban, jugaban. Angélica se dio la vuelta y ahora fue ella quien se introdujo el pene en su boca, lamiéndolo, esta ardiendo, duro, muy deseable. Dentro fuera, una y otra vez, levantaba la vista y observaba como se besaban y cómo estaban disfrutando ambos. Notó como su boca se llenaba de semen, rebosaba por las comisuras y lo lamió más y más…
Tumbados los tres sobre la king size intentaron recuperar el aliento, mirándose aun con ojos deseosos, los pezones aun erectos, duros, estaba el olor a sexo en la habitación, una caricia de Angélica a Diego…y el placer volvió a la habitación 129.
Escrito por “Marilyn”

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