Relato erótico: La Vagina Dentada (III Concurso Dolce Love)

ordenador-chicaDespierto con el sabor borboteante de una mezcla líquida en la boca. ¡Mierda!, la habitación está vuelta un desastre, el piso es un mantel de nicotina y, hasta el alma me huele a humo. A mi villano no le importa, porque detrás de su máscara se esconde un hombre sin miseria, un hombre ángel con alas negras que vuela conmigo en un cielo orgásmico. Enciendo otro cigarrillo y lo aspiro como si fuera un mandato divino, uno milenario, mi cuerpo danza en el recuerdo y vuelvo a la noche en que esa bestia pudo atravesar con su sable todas mis esquinas, hizo que mis gemidos se transformaran en gritos ensordecedores, tumbando una por una todas las puertas del mundo, quedando huérfanos de ropa ante las miradas de niños, ancianos y jovencitos que, al presenciar semejante espectáculo no les quedó más remedio que sacarse su linda e inocente polla y sacudirla hasta inundar nuestra cama de una viscosa miel.
Lo conocí a un clic de distancia, igual que a todos, pero este tenía una particularidad. Su rostro olía a sexo, aún a través de la pantalla y en sus ojos se evidenciaba una tristeza de nube.
-¿Te conozco?, ¿quién eres? Y no es pregunta filosófica – escribí en la ventanita de chat.
– Ja ja ja ja ja ja. Soy un villano y quiero derretir mis golpes en tú centro húmedo.
Esa noche no contesté, me sentí decepcionada, las personas como él y yo no deberíamos encontrarnos, era como una ley sagrada que no se podía quebrantar. Apagué todo, me fumé las inquietudes toda esa noche. – Si yo accedo, alguno de los dos tendrá que morir- Por fin sentí algo de sueño, me tumbé en la cama. Tuve miedo, si, miedo, durante dos meses cerré toda posibilidad de sentirme tentada a seguir su juego mórbido, tenía que planear con exactitud el mío, no era mi hora de quedar sin vida en algún motel barato; después de tanto cavilar supe de qué manera debía proceder.
Aquel villano debería sentir que había cazado otra víctima, una particular, distinta. Yo sería como el trofeo que el tanto ha deseado. Le brindaré mi sexo como un regalo dulce y poco a poco le iré succionando desde su espada toda el alma que lo compone. Lo volveré loco, le mostraré de a poquitos que el mundo es un espacio muerto lleno de gritos ausentes y que mi cuerpo tambaleante es un refugio de ángeles, una fosa de fantasmas, un aleteo de olvidos. Así, su vida se ira consumiendo y yo me levantaré victoriosa sobre todas las muertes que pueda depositar en mí.
Después de haber organizado todo, accedí inmediatamente, prendí el ordenador y le di “clic” a su ventanita.
-Tendrás que ser un villano muy cruel para poder con la mía. Está dentada y es experta succionando almas. – Lo reté, sé que haría todo lo posible por conocerla, por lamerla, por ser comido y succionado
Después de múltiples conversaciones llegó el primer encuentro, el segundo, el quinto, el décimo, el cien y todas las veces su cuerpo se alzaba como un monstruo victorioso sobre mis múltiples filos hasta la última vez que lo vieron.
Una vez me citó en un motel, subí a la habitación 39, la puerta estaba entreabierta, toqué dos veces y al ver que nadie respondía, entré. Había una oscuridad circundante – qué diablos estará tramando-, al terminar el hilo de mi pensamiento, sentí una mano en mi rostro que lo apretaba fuertemente hasta el punto de asfixiarme –El hijo de puta me va a matar, qué hago, qué hago- Luego sentí su sable como nunca, lo sentí en mi culo, el maldito se estaba frotando como un animal. Mi sexo empezó a palpitar, sus líquidos y dientes se preparaban para la mayor masacre que conocería aquel pueblo.
Me tiró hacia la cama, yo sólo veía una sombra que intentaba atravesarme por todos mis rincones. Su piel era una tela sedosa que mordía con todo el odio universal. El lugar se convirtió en un ring de pelea y nosotros una masa amorfa de la que sobresalían brazos, dientes, cabellos, éramos una masa ya desnuda rebotando contra todo, el lugar era un completo mierdero, las paredes crujían, chorros de agua del lavamanos quebrado nos cubría las heridas en el alma. Aullábamos con cada golpe, el me lamía las heridas hasta que pudo ponerse encima del cielo y su sable erecto se embutió en mi como una raíz milenaria, todo mi cuerpo se abrió y mi sexo envolvente se atragantó con los tentáculos de su espada; yo quería cercenarlos, acabarlos, pero cada vez que me decía – mi putica bella, voy a meter mi cabeza allá abajo, también quiero que me comás los recuerdos- yo me doblaba y claro que metía su cabeza, su nariz, su lengua serpentina succionándome mis adentros.
El cuerpo se me abrió tanto que ahora yace él dentro de mí, pulsándome las ganas en cada instante. Es un martirio esto de vivir orgásmica, gritando desenfrenadamente cada sablazo. He despertado esta mañana y la habitación sigue intacta. Vuelta un mierdero. He cantado victoria, ahora mi villano me habita los senos, se pierde entre mi boca y mi sexo centelleante, por fin, le ha succionado el alma.

Por Viola

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