Relato Erótico: El perfecto amante

amante-vibradorDesnuda sobre la cama de mantas blancas. No podía dejar de contemplarlo. Era tan lindo, duro, rosado, grueso, suave y vibrante. Le había dada tantas satisfacciones, y más de las que podía imaginar.

Lo tocaba con sus manos, por las cuales habían pasado muchos penes (grandes, chicos, gruesos, doblados), y recordaba aquellos tiempos. Pensaba en las masturbaciones que había hecho con su boca y con sus delicadas manos y en el semen…Le agradaba tanto. Pero ya no le importaba aquello.

Su nuevo “amigo” era mejor. Era limpio, no desprendía olor ni sabor fuerte, no se cansaba, no decía palabras bonitas, ni recriminaciones, ni critica alguna. Sobre todas las cosas ya no quedaba manchada de la sustancia blanca y pegajosa, aunque a veces extrañaba lo cálido y reconfortante que podía ser.

Pero… ¡Era Perfecto! Lo acariciaba y lo besaba tiernamente. Incluso rosaba la parte de arriba por su desnudo cuerpo. Ella tenía un cuerpo magnifico, lindos senos con hermosos pezones rosados, labios carnosos (también tenía labios carnosos en su boca) apenas tenía un poco de bello en su parte intima.

Volviendo al relato, a ella nunca le avergonzó que alguien viera a su nuevo “amante” siempre lo dejaba cerca de la vista de las visitas. No tenía que dar explicaciones de su vida privada y menos de aquel nuevo amor. Cuando iban a comer sus padres, sus vecinos, incluso el pequeño Timmy lo había visto y pensaba que era un avión de juguete.

¡Y qué avión! La había hecho llegar a las nubes más altas con sólo rozar la vulva repetidas ocasiones. Lo mejor era que ella lo manejaba a su antojo, como quería, cuando quería y donde fuera. A la señorita William le gustaba tanto introducírselo en la boca mientras se masturbaba, sus dedos chorreaban y el liquido resbalaba entre las piernas, pero no era tanto liquido como cuando se penetraba con su juguete.

Y ahora, la señorita William, estaba comenzando a usarlo, sentía los orgasmos más intensos. El consolador le servía de mucho, era tan real, tan parecido a un pene ¡Tan delicioso!

No se resistía, tenía orgasmos múltiples. Estaba transpirada, sudada y mojada, muy mojada. Si alguno la hubiera visto no hubiera dudado en hacerle el amor o en poner su pene en su boca, o mejor aún, en beber de aquel manantial tan rebalsado por donde se introducía el vibrador.

¡5 orgasmos! Y seguía. Se quedo dormida chupando el pene de plástico, como si fuera una dulce niña. Tuvo los sueños más dulces y nuevamente el agua fluyó. Se movía en distintas posiciones ¡Que espectáculo! Esas nalgas, esa vagina, tan pulposa. Verla de costado o de arriba, incluso estar debajo de ella, todo hubiera sido un sueño. Pero nadie la vio. Sólo su consolador, su único amante (Y no necesitaba otro) desde hace años.

M. E. Petazzi

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