Relato Erótico: Galletas de San Valentín

galletas-de-san-valentinHabía salido tan rápido de casa ese día que no había tenido tiempo ni de ver el día en el que estaba y ahora se encontraba en esa situación, intentando pensar qué iba a regalarle a su pareja por el día de San Valentín. Y no era que no tuviera ideas, pero quería que fuera algo especial y se había olvidado por completo.

Normalmente el regalo consistía en unas galletas de chocolate que ella misma hacía pero ese día, con la reunión de negocios que tenía, iba a llegar mucho más tarde a casa y seguramente estaría él allí, con lo que no podía hacer nada. Suspiró deprimida porque no quería regalarle algo material y tuvo que centrarse en el trabajo cuando le llamaron la atención por tercera vez.

Cuatro horas después, sin regalo para su pareja y pensando que quizás no le importaría que le hiciera las galletas al día siguiente, abrió la puerta y se extrañó al no ver luz en el apartamento. ¿Aún no había llegado?

Lo llamó varias veces sin resultado ninguna de ellas y recorrió toda la casa, encendiendo y apagando luces, para cerciorarse de que no estaba. Su cara se iluminó a pesar del cansancio que tenía y se cambió rápido de ropa yendo hacia la cocina y revolviendo por toda ella para encontrar todos los ingredientes que le hacían falta para hacer las galletas favoritas de su hombre. Con un poco de suerte a lo mejor le daba tiempo a que estuvieran en el horno antes de que él volviera.

Se puso manos a la obra lo más rápido que podía a pesar de que sus manos se encontraban torpes conforme cogía las cosas y cometía algunos errores que le hacían ir más lenta… ¡cuando quería ir rápida!

Finalmente, cuarenta minutos después, la masa estaba preparada y solo necesitaba que pasaran 20 más para poder hacer las galletas y meterlas en el horno. Miró el reloj varias veces antes de gritar desesperada cuando vio que solo habían pasado 30 segundos y salió de la habitación para poner la televisión y entretenerse con alguna serie que durara 20 minutos, el tiempo que necesitaba la masa para crecer y poder trabajar con ella.

A pesar de que no se concentraba, aguantó sentada en el sofá los 20 eternos minutos hasta que la sinfonía de la canción final empezó a sonar. Solo en ese momento echó a correr a la cocina y extendió una capa generosa de harina sobre la mesa, otro poco por el suelo por las prisas que llevaba, y empezó a trabajarla mientras el horno se precalentaba.

Llenó la bandeja de un montón de galletas, y una segunda más con el mismo contenido. Ambas fueron al horno y se pasó la mano por la frente. 15 minutos y estarían listas.

Mientras tanto, preparó la nata montada con la que adornaría las galletas de San Valentín que volvían loco a su chico y la tenía lista en el momento en que el horno le avisaba que las galletas también estaban ya.

Con cuidado de no quemarse las sacó y dejó que se enfriaran para que la nata no se derritiera ni fastidiara las galletas y fue cuando miró el reloj… Entonces empezó a preocuparse. Era demasiado tarde para que él no estuviera en casa cuando debía haberlo hecho un par de horas antes.

Lo llamó al móvil pero no le respondió y supuso que quizás iba en el coche. Movió las galletas para que se enfriaran sacándolas a la ventana de la cocina para que el frío hiciera su trabajo y cinco minutos después ya pudo ponerle la nata a todas y prepararlas en el plato para degustarlas con el amor de su vida. Solo que ahora le faltaba él.

Volvió a llamarlo de nuevo mientras caminaba con la fuente de galletas fuera de la cocina y las dejaba en la mesa frente al televisor. No había respuesta.

Se sentó en el sofá tratando de no pensar de forma negativa sobre lo que podía haberle pasado y el cansancio fue venciéndola. Los párpados le pesaban y finalmente no pudo más que rendirse. Solo esperaba que llegara pronto.

Unos besos cálidos, la mano grande y áspera de un hombre acariciándola con suavidad mientras el susurro de su voz se hacía más evidente la fueron sacando de su ensoñación. Lo vio. Sonrió.

          – Llegas tarde… (Susurró ella)

          – Tenía que dejarte que me hicieras las galletas. O te sentirías mal por no haberlas preparado.

          – La dejó boquiabierta. Le echó los brazos al cuello dejando que él arrastrara su cuerpo para sentirla más.

          – Feliz San Valentín.

          – Feliz San Valentín.

Encarni Arcoya

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