Diario de la Doctora Miss Love: Una cena con postre

cena-con-postreEl otro día quedé con Mitsuki para ir a tomar algo después de un día ajetreado. Mitsuki es una de mis mejores compañeras en el trabajo y solemos compenetrarnos muy bien. Normalmente, con los conocidos que tenemos, solemos ponernos en común para tratar de ayudarlos lo mejor posible y lo cierto es que lo que hacemos suele llamar mucho la atención y surtir más efecto que los tratamientos “base”, esos que enseñan en la carrera.

Por eso es que me gusta quedar con ella después del trabajo aunque es un poco más tímida que yo (y también eso hace que uno se acerque más para, después, si hay algo que no le gusta, decirlo claramente con una lengua afilada que tiene). He visto a muchos hombres pretender algo con ella y salir por patas cuando se pone en modo de femme fatale. Es una mujer con doble personalidad, en serio, porque a veces no te esperas cómo te puede salir.

Pero no me malinterpretéis, no es mala, solo que no le gusta que la traten como una mujer desvalida solo por el hecho de que no vaya por ahí exponiéndose o yendo de cacería, como suelo hacer yo. De hecho, en el bar donde vamos después del trabajo nos llaman el dúo demoniaco, y no porque nos consideren dos demonios, sino dos diablesas. El dueño nos dice que siempre que vamos el bar se le acaba llenando porque nos colocamos en la barra, que da al exterior, y todos los que nos ven disfrutar y reírnos abiertamente acaban entrando para acercarse. Al menos hacemos un bien para otras personas.

Esa noche decidimos que, como ambas estábamos solas, cenar en el bar que además nos había prometido una cena suculenta, para chuparnos los dedos. Y ese día le dejamos que nos deleitara con algunos de sus platos.

La comida estuvo bastante bien pero, ¿sabes lo que fue mejor? El postre… Y no, no me estoy refiriendo a comida precisamente. En el bar ha entrado a trabajar, a primeros de enero, un joven de unos 23 años. Es rubio, con pelo no demasiado corto, y tiene unos ojos marrones que casan muy bien con su color de cabello. No es demasiado alto y tampoco demasiado fuerte, podríamos decir que normalito. Le eché el ojo desde el primer día que lo vi lavando platos y llevando las bandejas grandes con todos los platos y vasos para lavar (y la catástrofe que armó cuando se le cayó y algunos se rompieron). Pensaba que lo iban a despedir y de hecho estuvieron a punto pero, según me dijo el dueño, mi comentario le había detenido en el último momento.

¿Qué dije? Pues solo que esos cacharros no estaban destinados a albergar la comida o bebida del bar. Parece que eso hizo que el dueño se echara a reír y que perdonara al chico. Al menos fue algo bueno que se que hoy en día conseguir un trabajo es bastante complicado.

A lo que iba. El chico, ahora ascendido a camarero, al menos en esa situación, nos trajo un pastel con nata que tenía un aspecto increíble. Y a mí, que me encantan los dulces, se me hizo la boca agua. Pero más que eso. Le dije al chico que se agachara un poco y con mi dedo cogí un poco de nata y la coloqué sobre sus labios. Después con mi lengua se los acaricié y finalmente le di un beso que supe le había gustado después (por su entrepierna). No hice más, solo le agradecí haber sido nuestro camarero y, mientras él se iba tambaleándose, Mitsuki estaba partiéndose de risa y diciendo que se lo esperaba, que ya llevaba tiempo echándole el ojo.

¿Qué hago? No me puedo resistir y había sido un buen camarero, tenía que elogiarlo de alguna forma. No se, quizás la próxima vez haga alguna otra cosa… Pero por ahora ese beso me supo a gloria, y más cuando lo pillé a él tan desprevenido que no sabía cómo actuar y se quedó quietecito como un buen niño…

Después del postre, Mitsuki y yo salimos del bar y nos fuimos paseando por la calle. Adoro mi ciudad porque no hay demasiadas personas en según qué sitios, lo que me permite estar más tranquila. Cuando hay muchos me agobio un poco pero también me lo paso bien. Nos despedimos a mitad de camino y cuando llegué a casa me di una ducha y me fui a la cama. Mañana sería otro día, esperaba que igual de bueno que ese.

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