Diario de la Doctora Miss Love: Una terapia algo extraña

terapia2Buenas querid@s… Como sabéis, mi trabajo, como el de Mitsuki, consiste en asesorar a parejas o personas solteras acerca de su sexualidad y las relaciones que tiene con otras personas, ¿verdad? Muchas veces os he dicho que podéis contarme lo que queráis porque puedo ayudaros en lo que sea y así hacer de vuestra vida el que seáis un poco más felices.

Pues bien, el otro día en mi trabajo, ya que dicen eso de que Año Nuevo, Vida Nueva, tuve un nuevo “paciente” (odio llamarlo así por lo que prefiero decir que fue un nuevo conocido). Venía asustado y temeroso por lo que fuera a decir ya que, según él, todos le decían lo mismo (supongo que se refería a otros colegas de profesión). El caso es que, al verme a mí, y ver cómo estaba hablándole a la secretaria de mi jefe para que dejara de darme más trabajo (que una no es una diosa en el trabajo y encima no cobro igual), éste casi se da la vuelta para irse… Si no fuera porque lo detuve preguntándole dónde iba, me hubiera quedado sin saber lo que le pasaba y no poder ayudarlo.

Así que le insté a que entrara en mi despacho y se sentara. Obviamente ya estaba mucho más nervioso de lo normal por lo que tuve que pedir que me trajeran un poco de agua y darle su tiempo mientras arreglaba unos papeles en mi escritorio. No dije nada, ni él tampoco. No lo miré; él no apartó la vista de mí.

¿Y qué hice? Pues esperar, aunque eso supusiera que las demás citas tuvieran que posponerse (cosa que había contado con ello en cuanto vi lo que pasaba). No fue hasta que él, quizás ya incómodo por estar así, comenzó a hablar que no le respondí.

Seguro que te preguntas qué le pasaba a este hombre. Pues algo llamativo, la verdad. ¿Te imaginas un hombre que se siente mujer pero al mismo tiempo le gustan las mujeres? Si, es un poco lioso pero ahí estaba todo, y claro, se sentía mal porque a él le gustan las mujeres pero no su cuerpo y no puede disfrutar con ello.

En mi carrera he conocido a muchas personas con problemas extraños y en este caso fue uno de los que más recuerdo. El hombre era simpático, te gustaba estar con él. Pero pensar en él como una mujer y que además le gustaran las mujeres… ¿no parece un poco extraño?

Hablé con él durante toda esa mañana para saber qué era lo que le había llevado a eso, cómo había sido su infancia, su vida, sus relaciones. Obviamente en muchos de estos casos la influencia de la madre es lo que más afecta a los niños para su desarrollo y no digo que sea algo malo lo que le pasaba, pero sí era extraño.

Pero, ¿qué podía hacer con sus relaciones? Porque como hombre, que además era atractivo, no tenía dudas en que sabría encandilar a las mujeres. El problema era que él no quería usar sus atributos, se sentía mal en su cuerpo. ¿Y qué hacer? Pues ideé una forma de que me dijera las cosas: hablando en femenino. Si, si, le dije que por favor me hablara como si fuera una mujer, que si se consideraba así, olvidara lo que tenía entre las piernas y fuera una mujer.

El resultado al principio fue un poco raro porque se equivocaba con todo y tenía que estar corrigiéndolo, o se daba cuenta él y rectificaba pero, ¿sabéis qué pasó a los quince minutos? Pues que noté que su comportamiento cambiaba, se relajaba, se sentía más cómodo y el lenguaje corporal cambió a ser uno con algo más de feminidad, además de que lo sentía más abierto y feliz, de hecho fue algo que él no se dio cuenta pero, cuando más hablaba, más seguro de sí mismo se empezaba a sentir, eso si no tocábamos puntos claves, como era su cuerpo, o las diferencias entre hombres y mujeres.

Y es que a veces uno no nace en el cuerpo que quiere y tiene que hacer muchas cosas por tratar de encajar. ¿Queréis saber qué le dije? Que si se sentía mujer fuera mujer, porque una mujer es la creación más maravillosa que hay en el mundo y que, si él quería unirse, nada ni nadie lo impedía. Pero que, para ello, tenía que olvidarse de si eso era normal o no porque… ¿quién ha sido el que ha dicho que una cosa es normal o no? Si tienes tu vida, tienes tus reglas. No lo olvidéis Loves, y tampoco me olvidéis a mí. ¿De acuerdo?

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