Relato Erótico: Despertar al amor

despertar_amorCerró la puerta con cuidado intentando no fijarse en sus manos que temblaban un poco por lo que iba a ocurrir en ese momento. Se volvió para encontrarla de pie a su lado, las manos entrelazadas entre sí igual que sus piernas mirando a todos lados con las mejillas enrojecidas. De vez en cuando los ojos lo buscaban a él para desviarse, tímidos ellos, hacia otra dirección.

Dio unos pasos hacia ella controlando el lenguaje corporal pues, lo que menos quería, era asustarla en ese momento. Alzó la mano para acariciarle la mejilla y notó la calidez de su nerviosismo. Se deleitó con la forma en que ella inclinó la cabeza hacia su mano, cerrando los ojos, invitándolo con la boca entreabierta al despertar del amor entre ellos.

Se enterneció ante su gesto pues, a pesar de ello, por sus manos sabía que temblaba como una hoja y quiso apaciguarla del único modo que iba a hacerlo. Por eso se inclinó y rozó con sus labios los de ella, una suave caricia que la asustó antes de prepararse para el siguiente. Y el siguiente. Y… Besos furtivos y rápidos se sucedieron en la pareja mientras sus corazones latían al unísono y los nervios daban paso a la pasión de sus cuerpos y sentimientos.

Empezó a desabrocharle el vestido y a descorrer la cremallera dejando cada vez un poco más de su piel al descubierto y sintió ganas de darle la vuelta y besarla en todos esos puntos. A cambio, deslizó el vestido por los hombros y brazos dejando que éste siguiera su camino hacia abajo y quedara desnuda a su lado.

Se apartó de los labios queriendo contemplarla mas no puedo ni dar un paso atrás cuando ella se acercó a él buscando su protección, demasiado expuesta para su tranquilidad en ese momento.

Notó los intentos por soltar los botones de los ojales de la camisa, cómo las temblorosas manos lidiaban con ello y ese gesto que solía hacer al morderse la lengua cuando centraba la atención en una sola cosa.

Esperó paciente a que el último botón saliera acariciándole los brazos y produciéndole descargas en su cuerpo conforme se acercaba a los puntos más erógenos que iba descubriendo.

Acabó por coger las manos y posarlas donde no se atrevía ella dejando que su camisa se fuera apartando de su paso para hacerle compañía al vestido.

Con las dos manos acunó su rostro y la cubrió de una nueva hornada de besos que se morían por probar de nuevo esos labios y piel sonrosada. Toda ella sabía dulce como la miel; los gemidos una música angelical y su toque, esas manos que temían tocarle, que lo acariciaban cada vez con mayor valentía, empezaban a encenderlo.

La empujó con suavidad hacia el centro de la habitación deshaciéndose del sujetador que quedó en el camino y, sin abandonarla, la tendió con cuidado sobre la cama, siempre a su lado, los ojos fijos en los de ella para que se apoyara en él.

Siguió regalándole besos por todo el cuerpo, bajando por el cuello, dejándolos en los hombros para volver al centro y seguir descendiendo al corazón de sus pechos, tomándolos entre sus manos y recorriéndolos con los labios hasta el mismo botón, éstos poniéndose duros e inflamados por las atenciones que le prodigaba.

Percibió los intentos de ella por quedarse quieta pero sabía que su cuerpo reaccionaba y, una parte, buscaba el alivio para esa necesidad que la embargaba, para esa humedad que estaría filtrándose a través de ella.

Continuó su camino entrelazando las manos los dos para llegar a una zona aún protegida. La besó sin exigirle y volvió arriba colocando su cuerpo sobre ella sin que tuviera todo el peso pero sí para notar cómo la acariciaba con él.

Ambos cuerpos estaban incendiándose juntos, volcando la pasión de su amor en os besos, caricias y demostraciones de afecto que los llevaban a querer más.

Él se apartó un momento deshaciéndose de su pantalones y ropa interior mientras la contemplaba, sus manos ocultando el rostro para no ver cómo la miraba y perdiéndose al mismo tiempo la intensidad y el orgullo con lo que lo hacía.

Sintió las yemas de sus dedos y saltó asustada por ese contacto con un ligero chillido que él se apresuró a calmar con las palabras más hermosas que sus oídos habían escuchado. Lentamente sus dedos se separaron para captar la intensa mirada que él le regalaba, sus manos comenzando en ese momento a moverse hacia arriba creando ondas a su paso, jugando con un cosquilleo que empezaba a ser adictivo.

Llegó hasta la cinturilla de sus braguitas y la besó de nuevo en ellas antes de hacerse cargo de que éstas desaparecieran despojándola de la última pieza que los separaba.

Se situó a su lado separándole las manos para encontrarse sus ojos humedecidos y los besó bebiéndose sus lágrimas de nerviosismo, haciéndole saber que estaba ahí para ella.  Buscó sus labios temblorosos y la sumió en la espiral de placer que ellos podían ofrecerle mientras, sus manos, la recorrían cada vez más cerca de su centro de feminidad. En el momento en que uno de sus dedos, atrevido éste, ahondó en ese lugar, buscando un punto que estaría inflamado ya, la cabeza de ella se echó hacia atrás dejándose llevar a otro lugar, uno donde los colores brillaban y el cuerpo pesaba como para moverse. Ya no notaba la mano de él acariciándole, y a pesar de eso sabía que estaba ahí, proporcionándole un deleite como nunca antes había tenido.

–                   ¿Qué me estás haciendo? – Preguntó bajito. Él se inclinó hacia su lóbulo y lo besó y acarició con la lengua.

–                   Amarte…

La instó a abrir las piernas y se situó entre ellas, sus manos buscando las de ella para que notara una parte ya preparada para el momento culmen. Las retiró con premura en el momento en que lo notó y él rió ante la temeridad de ella. Volvió a intentarlo y, esta vez, su inquietud hizo que siguiera el contorno de esa parte de él que ardía en deseos por hacerla suya. Se mantuvo en silencio y quieto mientras ella saciaba su curiosidad observando cómo se incorporaba un poco para verlo e iba siendo más audaz buscando proporcionarle deleite con su toque.

Cuando no pudo más, la tumbó sobre la cama flexionando sus piernas y situando su centro en el de ella, ambos juntos y predispuestos, sus ojos sin ser abandonados por él, empujando tan lentamente que parecía una caricia tan suave y gozosa que sacó de sus labios unos gemidos y una sonrisa de complacencia.

Siguió avanzando temiendo el momento en que el agrado se convirtiera en dolor y esos ojos que ahora lo miraban refulgiendo en un brillo intenso, se apagaran por ello. Sintió un pellizco en su corazón al ser consciente de ello y se detuvo mesándole el cabello, dándole pequeños besos en todo su rostro, calmando el llanto que ella dejaba correr a través de sus ojos cerrados hasta que los abrió y, a pesar de que habían perdido brillo, la sonrisa con la que lo deleitó les aportó lo que le faltaba.

La premió con un ligero movimiento, impulsos suaves y pausados esperando que se habituara a su intrusión, a su avance y retroceso. Una vez. Dos. Tres… La unión entre ambos, física y mental, su gozo en ese momento, catapultándolos a un paraíso donde solo dos amantes podían acudir, acabó con la resistencia de sus cuerpos fusionándolos en un único ser lleno de amor y sensualidad. El que ellos habían creado.

Autora: Encarni Arcoya (http://encarniarcoya.com)

Si quieres participar y ver tu relato publicado no tienes más que enviárnoslo a doctoramisslove@gmail.com. Lo publicaremos para que nuestros lectores puedan leerlo y te conozcan. No lo dudes querid@, anímate a participar.

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3 comentarios el “Relato Erótico: Despertar al amor

  1. Mica Chan dice:

    que lindo, un relato que no es violento ni
    grosero como muchos que lei.. me encanto

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